DESDE MI DEPRESIÓN: El legado de Andreas Lubitz al mundo

DESDE MI DEPRESIÓN: El legado de Andreas Lubitz al mundo

Quiero iniciar este mensaje describiendo lo mejor que pueda lo que significa vivir la depresión.

Es una tristeza profunda dicen los textos. Pero una cosa es leerlo en un texto y otra muy diferente sentirlo. Lo primero en lo que piensas es en abandonar esta vida, alejarte de todo y de todos, no quieres vivir más, no hay nada que motive seguir viviendo, qué sentido tiene vivir si la vida  no tiene ningún sentido, no se ve un futuro claro, no se ve ningún futuro, molesta pensar lo que será el día de mañana. Luego todo molesta, las personas, las cosas y quizás lo peor son los recuerdos, los recuerdos que te hacen sentir mal son los peores, pero aun los recuerdos agradables se sienten mal, muy mal.

Miras a las otras personas y te molesta que existan, y si ves a alguien que parece estar bien, lo odias profundamente ya que él no siente lo mismo que tú. Te molesta el sol, te molesta la lluvia, te molesta el ruido, te molesta la vida. Quieres acabar con todo y con todos pero dejando muy claro que lo hiciste por qué alguien tiene la culpa, es decir, quieres destruirlo todo llamando la atención de la mayor cantidad de personas del mundo, que todo el mundo lo sepa pero sobre todo esa persona que tiene la culpa, y que nadie se apiade de ti,  por te molesta que las otras personas te presten atención (primera paradoja).

Con ese panorama antes descrito se presenta una segunda paradoja. Que te puede motivar ir a un médico si no tiene sentido vivir. Se puede argumentar que el mismo hecho de sentirse mal te motiva a ir a un médico, pero ese argumento es totalmente invalidado cuando uno siente que no tiene sentido hacer nada respecto a nada. Y si logras acudir al médico y logras tomar medicinas, en algún momento las medicinas dejarán de hacer efecto (pasados unos años) y nuevamente te cuestionarás: si debes o no regresar al médico, si debes o no tomar la medicina, si tiene sentido seguir viviendo. Mientras estás en depresión lo cuestionas todo, absolutamente todo y no tienen idea del malestar produce pensar y cuestionarlo todo.

Andreas Lubitz estuvo bajo tratamiento, rompió y botó a la basura las indicaciones del médico. Andreas definitivamente tuvo alguna experiencia que desató su depresión a un nivel fatal. Los medicamentos ya perdieron su efecto.

Se cuestiona que Andreas no dejó carta de despedida. En su caso no era necesaria una carta. El depresivo solo quiere morir y destruir lo más que pueda. Para el caso de Andreas su situación era la ideal: morir, matar a muchos y hacer sufrir a muchos más. Con esto era suficiente para dejar claro el mensaje a esa persona, que por su culpa sucedió lo que sucedió, no era necesaria una carta, para nada, el mensaje llegaría fuerte y duro, tan duro que golpeará a ese culpable hasta que muera de arrepentimiento por lo que le hizo.

Se cuestiona también que no se pudo prever la situación. Pues eso es literalmente imposible. Un depresivo no tiene una marca en su rostro o lleva una prenda que lo identifique, la depresión es una afección emocional y la parte emocional es lo que más se está perdiendo en estos tiempos.

Adicionalmente la depresión se da por episodios, no se la vive las por muchos días, y algunos no exteriorizamos nuestra depresión.

Que debemos advertir esto a nuestro empleador. Eso es una tontería, nadie quiere perder su empleo diciéndole al empleador que eres depresivo, lo primero que va a pensar es que estás loco, y eso molesta mucho. Y si se trata de dar una prueba pues sencillamente se toma una dosis extra del medicamento y eres la persona más normal del mundo, de hecho mejor que las normales ya que te sientes muy, pero muy feliz. Estos medicamentos modernos son una maravilla realmente.

No hay forma de identificar a un depresivo a menos que el mismo asista a un médico y lo diagnostique. Somos muy silenciosos y eso se debe a que ni nosotros mismo sabemos que somos depresivos.

¿De dónde venimos? Pues de aquí mismo. Somos hijos de la modernidad, de la urgencia, del apuro, del celular, del internet. Somos los habitantes de un mundo con el cual no estamos conformes, no nos agrada este mundo, tiene demasiadas complejidades y cada día estas complejidades van en aumento. Entonces si hoy somos 20 depresivos mañana seremos 40 que no estamos conformes con todo lo que nos rodea.

¿En dónde estamos? Estamos en todas partes, puedo ser tu vecino de enfrente, el pastor de tu iglesia, tu reportero de noticias, el chofer de tu autobús, el conductor de tu tren, el capitán de tu barco crucero, el piloto de tu avión que te lleva a de regreso a casa para que te reúnas con tu familia. Algunos sabemos que sufrimos episodios depresivos, otros sencillamente lo viven sin saberlo pero sienten que deben hacer algo al respecto.

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